domingo, 10 de agosto de 2014

Encuentro de comunidad Sagrado Corazón de Jesús

 
 
Valorable  iniciativa de algunas hermanas que están insertas en la comunidad pastoral Sagrado Corazón de Jesús que consistió en convocar a referentes de los distintos grupos para encontrarnos e ir hilando el tejido de Ser Comunidad. En un clima distendido y favorecedor de unidad fuimos compartiendo a partir de las consignas reflexivas que se nos fueron proponiendo.
 
Que Dios siga bendiciendo cada surco que se abre con la intención de que el AGUA de la Palabra de Dios, del reencuentro , del dialogo , de la misión, de la búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios vaya llegando con todo su dinamismo fecundador a cada realidad parroquial.
 
Comparto algunas expresiones del Papa Francisco que iluminan estos caminos que vamos transitando:
 
La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz.
Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar». La  comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados.
El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. (E.G. 24)