lunes, 10 de diciembre de 2012

Exhortacion Pastoral Postsinodal de la Diocesis de Viedma (1985)


 

Exhortación Pastoral Postsinodal

de la diócesis de Viedma (Río Negro)

"Para anunciar a Jesucristo"

1985


 
INTRODUCCIÓN

En la Pascua de 1980, les anuncié el Primer Sínodo Pastoral Diocesano de la Iglesia Rionegrina.
En Pentecostés del mismo año, convoqué al Sínodo, a todos los sectores del Pueblo de Dios de la Diócesis de Viedma, Río Negro.
En octubre de 1983, del 8 al 12, se realizó la primera Sesión Sinodal con la presencia de 265 participantes, y en agosto de 1984, del 15 al 19, la segunda y última sesión con 311 sinodales.
Las dos sesiones fueron preparadas con la reflexión y sugerencias de todos los cristianos de Río Negro que lo quisieran. De modo particular, a través de previas Asambleas Parroquiales y Vicariales.
Los sinodales -Presbíteros, Religiosos/as y Laicos- me han presentado finalmente 98 propuestas. Son posibles canales pastorales para transformar cada Parroquia, "centro de coordinación y animación de comunidades, grupos y movimientos" (D.P. 644), en Familia de Dios, en Fraternidad Misionera, en un taller donde se forje la nueva Civilización del Amor.
En la homilía de la Misa de clausura del Sínodo (19-8-84) les dije que "queriendo ser fiel a la Iglesia Católica que me llamó al servicio episcopal en esta ciudad de Viedma y esta provincia de Río Negro,... voy a discernir las propuestas mencionadas a la luz de la fe, en el hecho de la Redención por la Encarnación... Será el rico material de trabajo de una exhortación pastoral, en clave pascual, que orientará la evangelización del hoy y del futuro de Río Negro".


Con esta exhortación, que presento en esta Pascua '85, lleno de gozo y esperanza, ofrezco a ustedes, Pueblo de Dios que peregrina en Río Negro, una primera reflexión pastoral motivada en la oración y en el estudio de las propuestas jurídicamente sinodales, acompañadas por los densos y diversos aportes que han llegado a la Secretaría General del Primer Sínodo Pastoral Diocesano. Reflexión que encierra los criterios pastorales, fundamentales e insustituibles para planes que se han de proyectar a nivel parroquial diocesano, y para la actividad del agente de pastoral que actúe, de una u otra forma, en nuestra Iglesia particular rionegrina. A partir de esta exhortación pastoral promulgaré "estatutos" o "directorios" para dar normas concretas sobre las diversas áreas y organismos pastorales.
Esta norma pastoral que anuncio en la Pascua del Señor (7 de abril 1985) comienza a regir a partir de la festividad de PENTECOSTÉS (26 de mayo 1985). Se inscribe en el Novenario de años programado por Juan Pablo II para celebrar la llegada de la primera evangelización a tierras americanas y es el Monumento Pastoral que queremos erigir como homenaje agradecido, con motivo de las Bodas de Oro de la DIÓCESIS DE VIEDMA.


Visto y considerando el espíritu y la letra del riquísimo material pastoral, del Primer Sínodo Pastoral Diocesano, particularmente las propuestas más votadas, he llegado a la conclusión de que "para anunciar a Jesucristo" en el hoy y el futuro de Río Negro, nos es necesario:
. Evangelizar
. al hombre rionegrino
. a partir de su realidad
. iluminada por la verdad sobre
. Jesucristo
. la Iglesia
. el hombre
. desde los pobres a todos
. formando comunidades integradas en Parroquias
. signos vivientes de comunión y participación
en la Iglesia particular rionegrina
. familia de Dios
cuya misión es construir fraternalmente
la nueva Civilización del Amor,
. anunciando y anticipando así
el Reino de Dios definitivo.


I.- EVANGELIZAR...

Todos a todos: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos" (Mt. 29,19). Esta es la tarea propia de la Iglesia, y por lo tanto, de cada uno de nosotros: "Evangelizar" mediante el testimonio y la palabra; lo cual supone una constante autoevangelización y conversión, volviendo a la simplicidad y sencillez del Evangelio.

1.1. La primera actitud práctica de un rionegrino que se llame "cristiano" es tomar conciencia de que ser cristiano no es un privilegio; es una responsabilidad; es una respuesta a un llamado; es la tarea de seguir a Cristo. De ahí viene el nombre de "cristiano". (Hech. 11,26).

1.2. "Iglesia" fue el nombre que se le dio al encuentro de varones y mujeres convocados por Jesucristo, mediante su Espíritu, para vivir, celebrar y proclamar su Fe, resolviendo los problemas de la vida humana a la luz del Evangelio de Dios, a la luz de la Buena Noticia, de la vida y mensaje, de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

1.3. Desde el Concilio Vaticano II, al preguntarse qué es y para qué, la Iglesia responde: "La Iglesia recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos y constituye en la tierra el germen y principio de ese Reino" (L.G. 5). "La comunidad cristiana está integrada por hombres que reunidos en Cristo son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinaje hacia el Reino del Padre y han recibido la Buena Nueva de Salvación para comunicarla a todos. La Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia" (G.S. 1).

1.4. Pablo VI, en Evangelii Nuntiandi, afirma en forma perentoria: "evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar..." (E.N. 1)

1.5. Nuestra Iglesia local Rionegrina debe convertirse cada vez más en evangelizadora, sobre todo a través de su testimonio: "testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra: de santidad." (E.N. 41)
Este testimonio ha de ser vivido por todos los cristianos, puesto que todos somos Iglesia. Nadie se puede considerar excluido de tal testimonio. Pero esa fidelidad, esa pobreza y esa libertad deben hacerse evidentes sobre todo en las estructuras de la Iglesia, manifestación auténtica de una vida eclesial verdaderamente evangélica.

1.6. Es evidente que el testimonio solo no basta: es necesaria la palabra que haga explícito el mensaje. Pero no se trata de una palabra cualquiera, de una palabra humana, por sublime que sea, sino de la Palabra por excelencia, la Palabra de Dios. Se nos hace indispensable y urgente promover entre los católicos un conocimiento cada vez más amplio y profundo de la Biblia, cuyo centro y clave es Jesucristo muerto y resucitado. No un conocimiento abstracto e intelectual sino un conocimiento nacido de una necesidad comunitaria, que busca realizar el proyecto de Dios en la historia de los hombres. (Cfr. D.P. 150 y 1001).
El cristiano no recibe la Buena Noticia de la Salvación para sí mismo, para conservarla egoístamente "envuelta en un pañuelo" (Lc. 19,20), sino para "proclamarla sobre los tejados".

1.7. Nadie evangeliza si no se autoevangeliza. Asumir la misión de evangelizar es, en primer lugar, optar, sin retaceos, por vivir la real compañía de Jesucristo en nuestra historia: tomar sin titubeos todas las decisiones personales, familiares, grupales, colectivas -privadas o públicas- con los criterios de su Evangelio.
Evangelizar no es una simple actividad para hacer conocer el libro de los Evangelios, sino que es conversión, transformación de la propia vida, que manifiesta la fuerza de la Buena Noticia.
"En una palabra -dice Pablo VI (E.N.15)- la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio".

1.8. Esta tarea no se inicia hoy en nuestra Provincia: "hace poco más de cien años comenzó a resonar la Buena Nueva de la Salvación en estas tierras al iniciarse en forma orgánica y sistemática la Evangelización de la Patagonia" (Homilía Programática 8-10-83).
Por eso, una vez más expresamos nuestra admiración y gratitud a cuantos nos han precedido en esta empresa misionera.
El sínodo Pastoral Diocesano inicia en la Iglesia Rionegrina una nueva etapa de evangelización. Las etapas se nutren de lo pasado; pero no son una mera repetición. Lo importante en cada etapa de la evangelización es volver constantemente a las fuentes, para examinar su propia autenticidad.
La evangelización que hemos de encarar en el hoy y en el futuro de Río Negro debe tener el aire fresco de la primera evangelización apostólica.

1.9. La responsabilidad evangelizadora es de todos los cristianos. Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica sobre el Matrimonio y la Familia escribe: "La Iglesia no lleva a cabo el propio discernimiento evangélico únicamente por medio de los pastores, quienes enseñan en nombre y con el poder de Cristo, sino también por medio de los seglares: Cristo los constituye sus testigos y los dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. (L.G. 35)." (F.C. 5)

1.10. La vida cristiana es fundamentalmente alegre y esperanzada. Es la alegría de un hallazgo. Es la esperanza, activa y dinamizadora, de que todo puede ir mejor en la historia humana de todos los días, hasta llegar a la meta, que es la plenitud del gozo en el Reino de los cielos, donde Cristo nos tiene preparada una morada feliz. (Jn. 14,2). Pero la felicidad que nos promete Cristo se cumple en nosotros mientras seamos fieles servidores del Evangelio: que evangelicemos...


II.- ...AL HOMBRE RIONEGRINO...

Se trata de evangelizar a todo el hombre rionegrino y a todos los hombres rionegrinos. Vale decir que la acción evangelizadora ha de llegar a la totalidad de cada una de las personas individuales y a la totalidad del pueblo de nuestra provincia: al corazón de cada hombre y mujer, a la cultura de nuestro pueblo y a sus estructuras y ambientes sociales.

2.1. Un pueblo evangelizado no es la mera suma de los individuos evangelizados. Es necesario que el mensaje evangélico afecte las raíces mismas de un pueblo, su manera fundamental de ser, de relacionarse con Dios, con el prójimo y con la naturaleza: es decir, su cultura, en el sentido más hondo de la palabra.
Desde el punto de vista étnico-cultural, nuestra provincia tiene la riqueza de una diversidad que es necesario conocer, respetar y defender en su proceso de integración. De lo contrario, corre el riesgo de desaparecer bajo la aplanadora de una cultura dominante impuesta desde fuera, desde las grandes potencias, desde los intereses de las multinacionales, que cuenta con agentes y beneficiarios en el interior de nuestro país y de nuestra provincia.

2.2. Tengamos en cuenta, en primer lugar, a los dueños primitivos de nuestro suelo, a la "gente de la tierra", los mapuches, dominados, avasallados, despreciados y oprimidos por el "huinca", el blanco cristiano. Es tarea impostergable para nuestra Iglesia local Rionegrina valorar su patrimonio y ayudarles a defenderlo, darles el lugar de privilegio que les corresponde.
Digamos lo mismo acerca de sus numerosos descendientes que pueblan los barrios marginados de nuestras ciudades, desarraigados de su terruño y de sus costumbres.

2.3. Una buena parte de la mano de obra en la Patagonia la constituyen desde hace tiempo muchos hermanos chilenos, que siguen cruzando la frontera en número considerable, apremiados por la realidad socio-económico-política del país. Tenemos para con ellos un especial deber de fraternidad y de hospitalidad.

2.4. Inmigrantes de otros países particularmente europeos y del oeste asiático han arribado anteriormente a Río Negro y han forjado con su trabajo una realidad mejor para sus familias y para nuestra provincia. Nuestra población actual es básicamente forastera y joven. Casi el 50 por ciento es nacida fuera de la provincia y el 63 por ciento tiene menos de 30 años. Es que en las últimas décadas, argentinos provenientes de distintas regiones del Norte de nuestro país, descendientes ellos mismos de diversas familias étnicas, hacen que la identidad de nuestro pueblo rionegrino sea cada vez más compleja.

2.5. Pues bien, es esa identidad la que hay que buscar y evangelizar, teniendo en cuenta el distinto origen y nivel cultural, económico y social, y abarcándolo en su totalidad, dentro de lo posible. Tarea difícil pero insoslayable, si queremos que el Evangelio llegue a todo el hombre y todos los hombres rionegrinos en sus diversas dimensiones y relaciones: familia, educación, economía, política, culto.

2.6. "A este hombre rionegrino estamos enviados por Jesucristo". (Homilía Programática 8-10-83). "Y a este hombre concreto, en acciones pastorales concretas, debernos llegar, y llegar significa conocer su realidad, sus gozos y esperanzas, sus criterios de juicio, sus valores determinantes, sus fuentes inspiradoras, sus modelos de vida, para alcanzarlo de verdad y transformarlo desde dentro por la fuerza del Evangelio" (Homilía Programática).

2.7. Podríamos sintetizar con la afirmación de Pablo VI: "Lo que importa es evangelizar no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad, hasta sus mismas raíces la cultura y las culturas del hombre, en el sentido rico y amplio que tienen sus términos en la Gaudium et Spes (50), tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre presente las relaciones de las personas entre sí y con Dios" (E.N. 20).


III.- ... A PARTIR DE SU REALIDAD...

"Hay que tener un oído puesto en el Evangelio y el otro en el pueblo": así decía, gráficamente, nuestro obispo mártir Enrique Angelelli. Es que Dios se revela en la historia de los hombres: la Salvación divina pasa por la Encarnación sociológica (Jn. 1,14). Podría haber sido ofrecida a la humanidad desde afuera, desde una plataforma extraña a la vida de los hombres. No fue así. Jesús, nuestro Salvador, se hizo judío entre los judíos, galileo entre los galileos, nazareno entre los nazarenos, pobre entre los pobres. Para seguir sus pasos, nuestra acción evangelizadora deberá no sólo tener en cuenta, sino partir de la realidad -los acontecimientos, las instituciones, la vida- del hombre rionegrino. Porque la Iglesia que viene de lo Alto, surge de las bases, de la cultura misma de los pueblos.

3.1. La comunicación de la Salvación no se puede hacer desde una postura aséptica y desencarnada. Hay que sumergirse en el seno de la existencia humana, en el mundo de los seres humanos, para "insertar" desde lo alto los valores del Reino de los Cielos, Es imprescindible percibir los signos de los tiempos personales y comunitarios, que redescubrió para la acción de la Iglesia actual, con tanta lucidez el Papa profeta Juan XXIII.

3.2. No todos, sin embargo, perciben los signos de los tiempos. Jesús denuncia a los fariseos que saben mucho, en teoría, de los libros sagrados, pero no saben "interpretar los signos de los tiempos" (Mt. 16,3-4). Todo indica que en todas las épocas habrá personas insensibles a los signos providenciales que viven sus contemporáneos, e incapaces de percibir, a través de ese prisma, la novedad evangélica. Por eso, no acierta a abrir la Biblia en la página que los signos de los tiempos están señalando. En última instancia, es el pecado contra el Espíritu Santo: el error de los que buscan la seguridad en la "ley", cuando lo que importa es apoyarse absolutamente en Jesucristo que, mediante su Misterio Pascual, entrega su Espíritu a la comunidad-Iglesia para conducirla.

3.3. Un buen evangelizador debe tener en una mano el Evangelio y en la otra el "diario". Hay que estar muy atentos a los hechos acaecidos tanto en el territorio parroquial como en Río Negro, en Argentina, en Latinoamérica y en el mundo. Pueden ser "llamadas" de Dios que, iluminadas, clarificadas por la Palabra de Dios, pueden provocar la fe. En el encuentro del acontecer humano con la iluminación y dinamismo pascual se realiza el "acontecimiento salvador".

3.4. La persona humana no es una isla. La situación existencial, individual y colectiva del hombre rionegrino está condicionada por una serie de factores de orden provincial, nacional, continental y mundial. Una adecuada evangelización no puede desentenderse de dichos factores, o considerarlos secundarios y, en la práctica, relegados. Comprende la realidad englobante a partir de la cual se ha de entablar el diálogo evangélico para llegar al centro muy íntimo de cada hombre con la verdad del Evangelio y, mediante este encuentro, dinamizar la transformación de las estructuras de la sociedad.
Los evangelizadores, con muy buena fe, pueden equivocar el camino, y se equivocan torpemente, cuando emprenden la tarea de evangelización con la conciencia de quien "enseña" un cúmulo de verdades muy bien aprendidas...

3.5. No podemos dejar de tener en cuenta, en primer lugar, que estamos insertos en "una civilización llamada 'occidental y cristiana' que hace mucho dejó de ser cristiana y hoy se hunde" (Homilía Programática 4).
"Si dirigimos la mirada a nuestro mundo latino-americano, ¿qué espectáculo contemplamos? No es necesario profundizar el examen. La verdad es que va aumentando más y más la distancia entre 'los muchos que tienen poco y los pocos que tienen mucho'. Los valores de nuestra cultura están amenazados, se están violando los derechos fundamentales del hombre. Las grandes realizaciones en favor del hombre, no llegan a resolver, de manera adecuada, los problemas que nos interpelan" (Puebla: Mensaje Inicial 2).

3.6. En la hora actual de nuestro país existen elementos positivos: la vida democrática recuperada, el deseo de profundas transformaciones que anida en el corazón de muchos hombres y mujeres. Pero estamos todavía muy lejos de la plena vigencia del derecho y de una justicia igual para todos. La estructura económica que se mantiene, por otra parte, impide la realización de una verdadera justicia social.

3.7. Nuestra provincia comparte con otras regiones patagónicas una serie de problemas que les son propios, con sus extensos territorios desérticos y la población concentrada, en nuestro caso, en la zona del Alto Valle y Bariloche; con sus enormes distancias. Mientras unos pocos propietarios acumulan grandes extensiones, gran parte de nuestros paisanos ocupan tierras fiscales, que habitaron durante años, sin que les sean adjudicadas en propiedad. Empobrecidos, emigran hacia los centros urbanos, donde van a engrosar los barrios marginados, sin mínimas condiciones de vivienda, infraestructura sanitaria ni educativa para recibirlos. La injusta distribución de los ingresos en estos casos es irritante, obligando a trabajar a los menores, provocando desnutrición y mortalidad infantil. Son muchos los sectores que sufren las consecuencias de este estado de cosas. Pero deberíamos señalar especialmente a los peones rurales, a los mineros y a las empleadas domésticas.

3.8. A todo esto hay que agregar el alto índice de analfabetismo existente en nuestra provincia, la desintegración de la familia en todos los niveles sociales... y tantos otros elementos que sería muy largo enumerar aquí. Este no pretende ser un análisis exhaustivo ni pesimista de la realidad, sino animarnos a enfrentar los graves desafíos para los cuales la evangelización debe ser una respuesta válida desde la fe. Así lo reconoció explícitamente nuestro Sínodo Pastoral Diocesano en su Primera Sesión.


IV. - ...ILUMINADA POR LA VERDAD SOBRE
JESUCRISTO, LA IGLESIA Y EL HOMBRE...


La evangelización, históricamente liberadora, del hombre concreto rionegrino ha de cuidar ser rigurosamente fiel a la verdad de Jesucristo, el Salvador que anunciamos, a la verdad de la Iglesia, pueblo de signo y servicio de comunión, conforme a la vida de la Virgen María, Madre de Jesucristo y modelo de la Iglesia. De allí nace para nosotros, los cristianos, la verdad sobre el hombre y la dignidad humana.

4.1. "Cristo, nuestra esperanza, está en medio de nosotros, como enviado del Padre, animando con su Espíritu a la Iglesia y ofreciendo al hombre de hoy su palabra y su vida para llevarlo a su liberación integral" (D.P. 166; cfr. 170-219)
"No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el hombre, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios" (E.N. 22).

4.2. "La Iglesia, misterio de comunión, pueblo de Dios al servicio de los hombres, continúa a través de los tiempos siendo evangelizada y llevando a todos la Buena Nueva". (D.P. 167; cfr. 220-281).
La Iglesia es sacramento universal de salvación. No es "el Reino" en sí misma, sino un instrumento para la llegada del Reino. Lo que importa no es salvar sus instituciones humanas, sino hacer que las mismas respondan a la misión salvífica que le ha sido confiada por su Fundador y Maestro.

4.3. "María es para la Iglesia motivo de alegría y fuente de inspiración, por ser la estrella de la evangelización y la Madre de los pueblos de América Latina". (D.P. 168; cfr. 282-303).
Desde los comienzos heroicos de la evangelización patagónica "el evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María como su realización más alta..." (D.P. 282). Esta experiencia mariana, que se inició bajo la advocación de María Auxiliadora, ha sido continuada y es profundizada en Río Negro bajo el nombre y la imagen típica de la Virgen Misionera de Río Negro. Está comprobado que el pueblo creyente confirma su fe católica, su "instinto evangélico", en la devoción a la Virgen María. La recta devoción mariana acrecienta la fe del Pueblo de Dios y lo convierte más y más en pueblo evangelizador, en la medida en que se mire en el espejo de María Virgen y Madre: en la escucha dócil a la Palabra de Dios en la Anunciación, en el servicio generoso y fraterno de la Visitación, en el silencio contemplativo de Nazaret, en la súplica caritativa de Caná, en el amor oblativo ante la Cruz de su Hijo Jesús, en la alegre esperanza del amanecer pascual, en el encuentro con su Hijo Resucitado.

4.4. "El hombre, por su dignidad de imagen de Dios, merece nuestro compromiso en favor de su liberación y total realización en Cristo Jesús. Sólo en Cristo se revela la verdadera grandeza del hombre y sólo en él es plenamente conocida su realidad más íntima." (D.P. 169; cfr. 304-339).


V.- ...DESDE LOS POBRES A TODOS...

Esta es una de las conclusiones que más claramente surgen del Sínodo Pastoral Diocesano. La Iglesia, ella misma pobre, despojada de medios de poder, se identifica con los pobres asumiendo su condición y sus proyectos para evangelizar a todos sin exclusión, ya que todos estamos llamados al Reino. Jesucristo, que convoca a todos a seguirlo, demostró la grandeza del amor preferencial de Dios a los pobres identificándose con ellos desde su nacimiento, en su vida y sobre todo en su Pasión y Muerte, donde llegó a la expresión máxima de la pobreza. Por esta razón, los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera sea la situación moral o personal en que se encuentren. (Cfr. D.P. 1141-42).

5.1. Jesucristo, "el primero y más grande evangelizador" (E.N.7), se hizo hombre pobre y vivió entre los pobres desde su nacimiento hasta su muerte. (Flp. 2,5-11) (L.G. 8; E.N. 30; Med. Justicia 1,30; D.P. 1141).
Su acción evangelizadora la inicia públicamente señalando con claridad inequívoca: "El Espíritu del Señor está sobre mí... me ungió para evangelizar a los pobres" (Lc. 4,18). Históricamente perteneció a los pobres sociológicos y desde ahí trascendió a todos. Trató con el mismo amor y misericordia a ricos y pobres materiales, para llamar a todos a la conversión.

5.2. El Magisterio de la Iglesia afirma "la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral" (D.P.1134). Se empeña así, con la iluminación del Espíritu Santo, en que todos retomemos el camino de Jesús y nos dediquemos con mayor fidelidad a la misión específica de la Iglesia. No se trata de una "opción inventada en Puebla": es un compromiso reiteradamente manifestado por la Iglesia, que aún estamos lejos de vivir. Cuando los obispos hablan de una "preferencial opción" expresan la voluntad de conversión más profunda a una acción inequívocamente evangélica. Y como toda conversión implica una confesión de la culpa; los obispos agregan: "No todos en la Iglesia de América Latina nos hemos comprometido suficientemente con los pobres; no siempre nos preocupamos por ellos y somos solidarios con ellos. Su servicio exige, en efecto, una conversión y purificación constantes, en todos los cristianos, para el logro de una identificación cada día más plena con Cristo pobre y con los pobres." (D.P. 1140).

5.3. En consecuencia, la primera instancia en nuestra acción evangelizadora es reconocer la pobreza-miseria concreta en Río Negro: el hambre y falta de vivienda de muchas familias; la desocupación y marginación de muchos trabajadores; la opresión en que subsisten los aborígenes, primeros dueños de esta tierra patagónica; los peones de chacras y campos desprotegidos socialmente; los trabajadores golondrinas; los migrantes, especialmente chilenos; los pobladores de barrios periféricos, centros suburbanos y zonas rurales.
Los pobres no son una abstracción, tienen nombre y apellido y son víctimas de situaciones y estructuras injustas que debemos superar. Con esos pobres, entonces tendremos que identificamos para ser la Iglesia de Jesucristo, sin olvidar, por supuesto, a los enfermos y moribundos, ancianos y presos, que sufren otra forma de pobreza.

5.4. "Los pobres son los predilectos de Dios" (Juan Pablo II; cfr. D.P. 1143) y la Iglesia de Río Negro quiere ser la Iglesia de los pobres. Lejos de ser excluyente, esta opción preferencial y solidaria realiza el amor de Dios y de la Iglesia por todos los hombres. No significa, en manera alguna, unos contra otros, sino unos en favor de todos.
Preferir a los pobres significa amar a todos los hombres en aquello que les es más fundamental: su dignidad humana, elevada a la dignidad de hijos de Dios.

5.5. En las propuestas de nuestro Sínodo aparece clara y reiteradamente la necesidad de la presencia de la Iglesia en los barrios más pobres, en las zonas marginadas, la necesidad de pensar la evangelización no desde el centro sino desde la periferia, la necesidad de estructurar la Iglesia desde los valores de los pobres, compartiendo sus problemas, alegrías y esperanzas, lejos de paternalismos o beneficencias. Para más de uno de nosotros eso significará morir a nosotros mismos, a nuestros esquemas "clasistas", para elevarnos a la dignidad humana de hijos de Dios y capacitarnos, en todos los órdenes de la vida, como miembros activos de la Iglesia.

5.6. No es posible olvidar, sin embargo, que entre todas las necesidades de los hombres, la más profunda es la necesidad de Dios. A este respecto, nos parece oportuno recordar las palabras de un autor latinoamericano: "La evangelización de los necesitados y oprimidos no consiste sólo en concientizarlos y acompañarlos en sus promociones y liberaciones humanas, no es tan sólo trabajar por la justicia y los derechos de los débiles. Es también la evangelización en el mundo de los débiles. Es también la evangelización en el mundo de los pobres, un llamado igualmente urgente a su conversión a la fe de Jesús, a la libertad interior, al servicio del 'otro'." (Segundo Galilea. El Camino de la Espiritualidad, pág. 183, Ed. Paulinas Buenos Aires - 1984.)

5.7. Pero al convertirnos como Iglesia a la opción preferencial por los pobres, éste no puede ser sólo objeto de evangelización. Comprobamos la "necesidad de hacerles lugar a los pobres; y no cualquier lugar, sino un lugar de privilegio, un lugar real, como sujeto en las decisiones pastorales, para dejar de ser simples objetos de ayuda... Tenemos que confesar que en la Iglesia católica hemos repetido muchas veces los esquemas de poder impuestos por un mundo materialista, que nos catequiza negativamente, en lugar de evangelizarlo nosotros a él. Y esto es lo que debemos cambiar de raíz si queremos ser realmente la Iglesia de Jesucristo.
Porque 'Dios eligió a lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; a lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes' (1 Cor. 1,27)
" (De mi Mensaje de Navidad de 1984).

Esto exigirá mucho de renuncia para muchos de nosotros.

5.8. Convertirnos a una Iglesia pobre, en seguimiento de Jesucristo pobre, no es abrazar una pobreza pasiva o estática. La pobreza evangélica no es una simple renuncia o desprendimiento. Es signo sacramental del Reino. Es búsqueda y encuentro de la presencia liberadora integral de Jesucristo en la historia de todos los días en Río Negro. Es dinámica social transformadora (Mt, 5,13-16), como fue la pobreza de María Santísima, según refleja su cántico (Lc. 2,46-55) y destaca Juan Pablo II (cfr. D.P. 297).

5.9. La Iglesia, al convertirse ella misma a los pobres, irá descubriendo mejor las causas y mecanismos de la injusticia, que no sólo oprime a los pobres, sino que corrompe la conciencia de todos.
Considerando que los pobres aparecen casi siempre "como resultado de la violación del trabajo humano", la Encíclica Laborem Exercens ilumina aún más sobre el sentido de esta opción por los pobres: "Para ser concreta y eficaz, ha de ser testimoniada a través de nuestra efectiva solidaridad con la lucha de los trabajadores en vistas al reconocimiento y promoción de su dignidad y la dignidad de su trabajo". "La Iglesia se encuentra vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, su servicio, y como comprobación de su fidelidad a Cristo, para así ser verdaderamente la Iglesia de los pobres". (L.E. 8; Cfr. 3 y 18; Cfr. E.N. 29-30).

5.10. "Desde los pobres a todos" no es simplemente una estrategia pastoral. Es la dirección existencial tomada por Jesucristo en su peregrinaje histórico. Para nosotros, es la única forma en que podemos captar el plan de Dios y ser fieles a él. Puestos en oración sincera ante Dios, personal y comunitariamente, decidiremos qué tenemos que hacer como individuos o instituciones, en orden a una vida cristiana auténtica, con relación al uso o renuncia de bienes materiales, y con relación a compromisos políticos o búsqueda de alternativas sociales realmente evangélicas.
"Desde los pobres a todos" no es nada más ni nada menos que el camino para lograrnos como Iglesia pobre, desprovista de medios de poder humano contando en forma ilimitada con la fuerza de Jesús Resucitado; lugar de comunión visible, mediante verdadera participación de bienes y personas; camino de gozo y esperanza de un mundo rionegrino más justo y fraterno, para gloria de Dios bendito.


VI.- ...FORMANDO COMUNIDADES
INTEGRADAS EN PARROQUIAS...


El Sínodo Pastoral Diocesano fue presencia fuerte de Jesús Resucitado, irrupción de su Espíritu para la Iglesia local Rionegrina, en orden a evangelizarnos más profundamente, para evangelizar más adecuadamente. Por eso se definió una renovación de fondo de las estructuras parroquiales. La mayor cantidad de propuestas sinodales se manifiestan a favor de comunidades a medida humana, comunidades cuyo tamaño posibilite una auténtica relación interpersonal, lugar "en que los problemas de la vida puedan encontrar una solución a la luz del Evangelio, donde la historia, personal y grupal, se celebre en la liturgia, para alabanza del Dios vivo, y la Palabra de Dios se transforme en un Evangelio viviente y salvador para el mundo rionegrino". (Propuestas Sinodales Nº 4, 6, 10, 15, 20, 26, 34, 38, 42, 43, 53, 54, 56, 65, 67, 77 y 83).

6.1. No hay vida cristiana sin comunidad. Sólo en comunidad podemos escuchar, acoger y anunciar a Jesucristo. Ella nos permite lograr concretamente la comunión eclesial y constituirnos así en un signo positivo de que han germinado en el corazón humano los valores del Reino: del Reino que Jesús anuncia luchando contra la opresión, la injusticia, la marginación y discriminación de cualquier tipo, como testimonio de una real "comunión" con Dios y los hombres.

6.2. El ser humano es, por naturaleza, comunitario: creado a imagen y semejanza del Dios comunitario, trinitario, en quien nosotros creemos. Dice de por sí una relación tridimensional: con Dios, con los demás hombres, con el mundo y las cosas.
Cuando en Adán y Eva la humanidad pecó, el signo y la consecuencia fue la muerte de Abel por su hermano Caín.
Jesús vino a re-crear el diálogo de Dios con el hombre y a generar un nuevo estilo de vida en una convivencia solidaria, signo y anticipo del Reino.
El cristiano es una persona llamada a madurar en comunión de vida con los demás seres humanos. 'Por la fuerza e imitación de la vida de Dios' (cfr. Jn.17,21-22) que "en su misterio más íntimo no es soledad sino una familia" (J.P.II en D.P. 582).

6.3. Todo hombre es invitado por Dios, en Jesucristo, a salvarse, integrándose en una comunidad de fe, esperanza y amor, que San Pablo llamó "Cuerpo de Cristo" y a constituirse en un miembro activo de esa Iglesia-comunidad para hacer presente en el "hoy" de la historia de la salvación de Dios.

6.4. En el proyecto de Jesucristo todos los bautizados somos Iglesia, ya que todos hemos sido igualmente llamados por Dios. Las diferencias son funcionales o ministeriales, es decir, secundarias. No somos Iglesia en cuanto individuos, sino en cuanto miembros de una comunidad. El primer dato fundante de la comunidad cristiana ha de ser, consecuentemente, la igualdad de todos (cfr. Gál. 3,28). No puede haber distinciones de ninguna clase a nivel dignidad. Nadie es más que nadie (cfr. Mt. 23,8-10) porque todos sirven a todos (cfr. Mt. 20,25-28). Nadie tiene más que el otro, porque todos han dejado todo para seguir al Maestro (cfr. Mt. 4,20) y nadie considera suyo nada de lo que tiene (Hech. 4,32). Nadie cuenta más que nadie, porque todas las diferencias de sexo, raza, condición social, etc. son secundarias frente a la igualdad fundamental y existencialmente decisiva porque se pertenece a la comunidad de llamados en Cristo Jesús (cfr. Rom. 1,6; 1 Cor. 1,2).

6.5. Ahora bien: si la misión de la Iglesia es ser sacramento de unidad e instrumento de salvación para todos los hombres y los pueblos, a ella le corresponde revisar permanentemente sus estructuras internas para adecuarlas cada vez mejor a esa misión que le ha sido confiada, esforzándose siempre para ser cada vez más un "modelo de la comunión". Esta es condición para su credibilidad (cfr. L.G. 1; D.P. 271-72). En nuestra Iglesia particular Rionegrina, el Sínodo Pastoral ha juzgado, como se dijo anteriormente, que la renovación estructural de las parroquias ha de pasar por la formación de comunidades a medida humana, cuyo tamaño posibilite una auténtica relación interpersonal. (Cfr. E.N. 58; D.P. 617-657).

6.6. En consecuencia y en búsqueda concreta del objetivo del Sínodo Pastoral Diocesano, resuelvo animar con el mayor esfuerzo pastoral, en toda la Iglesia particular Rionegrina, la transformación gradual de las parroquias de la diócesis en comunidad de comunidades.
Será el paso pascual, a través de la historia rionegrina, de la parroquia, hecho jurídico territorial, al dinamismo vital de familia de Dios, que en fraternidad misionera es un taller donde se forja la civilización del amor.

6.7. Las comunidades a las que nos referimos integran familias, adultos y jóvenes; son comunidades de fe, esperanza y caridad; celebran la Palabra de Dios y se nutren con la Eucaristía; realizan la Palabra de Dios en la vida a través de un compromiso solidario; hacen presente la misión eclesial y la comunión con los Pastores, a través del servicio de 'animadores' aprobados. Están constituidas por pocos miembros, en forma permanente, que procuran una vida más evangélica en el seno del pueblo, colaborando para interpelar las raíces egoístas y consumistas de la sociedad y explicitando la vocación de comunión con Dios y con sus hermanos. (Cfr. D.P. 641-642).

6.8. Hoy por hoy, es el camino pastoral que nos señala el Espíritu del Resucitado para guiarnos hacia:
a) la constitución de una Iglesia viva que no se encierre o se desgaste en multiplicación de estructuras, movimientos o instituciones.
b) la participación vital del pueblo, de todos por igual, especialmente de los más marginados en la sociedad .
c) la desaparición de un cristianismo meramente pasivo y ritualista, que vacía de contenido evangélico la indispensable práctica sacramental.
d) la inserción de los cristianos en la vida del pueblo, en una real participación y comunión que les permita pasar de una fe individualista a una actitud fraterna y solidaria y asumir la tarea de liberar a todo el hombre y todos los hombres.
e) el acceso personal y comunitario de los católicos a la Palabra de Dios; esta Palabra, conocida y comentada por nuestro pueblo fiel, de la mano del Magisterio de la Iglesia pero no recibida pasivamente, será la gran fuerza dinamizadora de las estructuras de la Iglesia.
f) la integración comunitaria de las expresiones y valores de la piedad popular. "Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo" (E.N. 48).
g) una liturgia vivida y participada, que respete el lenguaje, las formas y los valores culturales de nuestro pueblo, orientada hacia la vida cotidiana para transformarla en seguimiento de Jesucristo, por el Espíritu, hacia el Padre Dios.
h) una catequesis de verdad evangelizadora y vital. La relación entre Evangelio y vida se da en un proceso histórico, personal y comunitario, cotidiano, familiar y social, político-cultural. (C.T. 20, 22 y 24). El catecismo dejará de ser una mera doctrina, simplemente para recibir un sacramento, y los Santos Evangelios un mero libro maravilloso y consolador, para ser Buena Noticia, mensaje de alegre esperanza para la vida presente, como anticipo de que "ya" ha comenzado el Reino eterno.
i) una actitud de servicio vivenciada en núcleos a nivel humano, en que los cristianos se conviertan en "foco de evangelización y... factor primordial de promoción humana y desarrollo" (Med. 15,10).

6.9. De esta suerte se acepta la Palabra que es Vida Nueva y el culto a Dios no es ni alienante ni alienado: fructifica en el amor fraterno como signo de la acogida y docilidad al Espíritu enviado por el Padre y el Hijo desde el seno de la Trinidad Santísima.
Se cubren así, en forma concreta, realizadora y actualizada, las tres áreas del ser y quehacer de la Iglesia: liturgia, catequesis y servicio. (Hech. 2,42).

6.10. Esta forma de vivir la Iglesia en comunidades abrirá un nuevo y fecundo espacio de participación a los laicos, por la dimensión más humana de las comunidades, por la proximidad a la vida de sus miembros, y porque permitirá una más variada distribución de los diversos servicios y ministerios eclesiales. "Los ministerios que pueden conferirse a laicos son aquellos servicios referentes a aspectos realmente importantes de la vida eclesial (vgr. en el plano de la Palabra, de la Liturgia o de la conducción de la comunidad)..." (D.P. 805).
Los hombres y mujeres que ejerzan estos ministerios surgirán de la vida de las comunidades y estarán dedicados al servicio de las mismas. Otro tanto podrá decirse de los diáconos permanentes, allí donde su presencia se juzgue necesaria.

6.11. Misión específica de los diáconos será la de trabajar especialmente en el campo de la evangelización de los más alejados. Por eso, la vocación al "diaconado permanente" debe promoverse para intentar una acción misionera en profundidad, y no sólo por la escasez de sacerdotes.
Los diáconos permanentes, casados y padres de familia, y al mismo tiempo miembros de la jerarquía eclesial, trabajando en profesiones iguales a los demás hombres, pueden lograr una "misteriosa" sutura entre el mundo y la Iglesia.
Esta fue la línea del pensamiento de Paulo VI cuando decía que el "diácono permanente" debe ser el gran promotor de la corresponsabilidad "como un orden intermedio entre los grados superiores de la jerarquía eclesiástica y el restante pueblo de Dios, para ser intérprete de las necesidades y los deseos de las comunidades cristianas, inspirador del servicio, o sea, de la diaconía de la Iglesia, signo o sacramento del mismo Jesucristo Nuestro Señor, quien, "no vino a ser servido sino a servir" (M.P. Ad Pascendum").

6.12. Al lado de los ministerios con Orden Sagrado (episcopado, presbiterado, diaconado) debemos contar con "ministerios sin Orden Sagrado, pero que son aptos a asegurar un servicio especial a la Iglesia" (E.N. 73) "Tales ministerios ... catequistas, animadores de la oración y del canto, cristianos consagrados al servicio de la Palabra de Dios o a la asistencia de los hermanos necesitados, jefes de pequeñas comunidades... son preciosos para la implantación, la vida y el crecimiento de la Iglesia y para su capacidad de irradiación en torno a ella y hacia los que están lejos" (E.N. 73).
"No deben promoverse tales ministerios como estímulo puramente individual fuera de un contexto comunitario" (D.P. 816).

6.13. No obstante todo lo dicho sobre la importancia del Diaconado Permanente como la de los "ministerios" sin Orden Sagrado quede muy claro que la "tarea primera e inmediata" del laicado católico "no es la Institución y el desarrollo de la comunidad eclesial" ... "El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación en masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc." (E.N. 70).
Precisamente, para que la Iglesia logre un laicado maduro en su Fe -fe comprometida y expresada a través de las realidades temporales- algunos "seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus Pastores en el servicio de la comunidad eclesial para el crecimiento y la vida de ésta..." (E.N. 73).

6.14. El paso de la parroquia meramente administrativa y jurídica a la parroquia comunidad de comunidades no es una simple descentralización de la parroquia actual, ni atenta contra la unidad, sino que es valioso instrumento para "reducir a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia." (A.A. 10).
La conversión de la parroquia en comunidad de comunidades no es disgregación sectaria si se cumple el papel que le asigna Puebla: "centro de coordinación y animación de comunidades" (D.P. 644). Esto requiere, por cierto, se tenga clara conciencia de que la parroquia es nada más y nada menos que el rostro visible y concreto de la Iglesia particular diocesana. Porque advierte el Concilio Vaticano II: "En la Iglesia Particular se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Dios" (C.D. 11). Y agregan los obispos latinoamericanos: "Su primacía en el conjunto de las unidades eclesiales se debe al hecho de estar presidida por un obispo... principio y fundamento de unidad" (D.P. 645).

6.15. "El párroco ha de ser, en esta figura de la parroquia, el signo y el principio de la unidad parroquial, asistido en el ministerio pastoral por la colaboración de otros sacerdotes y por representantes de su pueblo, laicos, religiosos y diáconos" (Med. 15,14).
Hermano entre hermanos, presidirá la gran comunidad de comunidades que integran la parroquia, de tal manera, que una su trabajo pastoral con el de los laicos y consagrados a la vida laical y religiosa, reconociendo y promoviendo la dignidad de éstos y la responsabilidad que les corresponde en la misión de la Iglesia.- A la escucha del carisma de cada sector del pueblo de Dios, de modo especial tendrá en cuenta la experiencia de la vida de los laicos, para reconocer y discernir junto con ellos, más fácilmente, los signos de los tiempos. (Cfr. P. 8-9-19 /Ep. 30 1) y 3).-


VII.- ..."SIGNOS VIVIENTES
DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN EN
LA IGLESIA PARTICULAR RIONEGRINA.


Continuadora de la misión de Cristo, la Iglesia Pueblo de Dios, está enteramente al servicio de la comunión del hombre con Dios y de los hombres entre sí. En esto consiste su misión evangelizadora, que ella realiza en la medida en que todos los cristianos -jerarquía, religiosos y laicos- sean servidores del Evangelio, cada cual según su papel y carisma propio.
Comunidad y organización en la Iglesia no se oponen. Se sirven mutuamente en la medida en que la organización ministerial se conciba en función de la comunidad.

7.1. Sin una participación y empeño personal y comunitario de sus miembros, la Iglesia no puede estar en condiciones de evangelizar. Si ella quiere ser fiel a su condición de sacramento de unidad entre los hombres, ella misma, y en primer lugar, debe esforzarse siempre y en todas sus manifestaciones, en constituirse en "modelo de comunión". "Es la condición para su credibilidad" (Cfr. Jn. 17,21; L.G. 1; D.P. 271-72).

7.2. Al interior de la Iglesia-comunidad esta exigencia de participación y comunión tiene su fundamento en la igualdad de la dignidad de hijos de Dios y en la participación de todos los bautizados en el misterio salvador de Jesucristo. Por ellos, "viviendo conforme a la vocación a la que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real, y hagan así de su comunidad un signo de la presencia de Dios en el mundo" (A.G. 15). "La Iglesia es ante todo un misterio de comunión católica" (Med. 15,6).
Como Pueblo de Dios, no es resultado de una organización previa, al contrario, la organización eclesial nace en un segundo momento, como instrumento de consolidación, al servicio de la naturaleza esencialmente comunitaria de la Iglesia. Toda función en la Iglesia está ordenada a la comunidad como Pueblo de Dios.

7.3. La organización pastoral de la Iglesia es válida y hasta necesaria, tanto cuanto conduzca a la creación, crecimiento y animación de la comunión en la Iglesia Particular, desde ella y con ella.
Tarea post-sinodal de nuestra Iglesia particular Rionegrina, en relación a la organización pastoral global, será la de evaluar la que ya tenemos y crear o reestructurar los organismos que sean necesarios, para ajustarnos más y más al proyecto de Jesús sobre su Iglesia, conforme al criterio de participación y comunión expuesto.

7.4. En consecuencia, en torno al Obispo Diocesano se conformará una Curia Diocesana eminentemente Pastoral, al servicio de la acción evangelizadora de la Iglesia Rionegrina. Junto a Vicarios Generales, colaboradores inmediatos en el gobierno diocesano, el Secretario Canciller y sus auxiliares, el Consejo de Asuntos Económicos y el Ecónomo, conforme al Derecho Canónico, deben integrar la Curia Pastoral los organismos y/o personas al servicio de las diversas áreas de la pastoral diocesana. Además del Consejo Presbiterial ya existente, valioso órgano consultivo, deberemos organizar el Consejo pastoral Diocesano, respondiendo a los reclamos insistentes de nuestro Sínodo y a la especial recomendación del Concilio Vat. II (C.D. 27) Según el Código de Derecho Canónico, "El Consejo Pastoral se compone de fieles que estén en plena comunión con la Iglesia Católica, tanto clérigos y miembros de vida consagrada como sobre todo laicos, que se designan según el modo determinado por el Obispo diocesano." (c 512).

7.5. Como órgano ejecutivo de dicho Consejo, crearemos la Secretaría de Coordinación y Planificación, cuya misión consistirá en coordinar todos los organismos diocesanos: Vicaría de la Fraternidad, Secretariado de Comunicaciones, de Catequesis, de Liturgia, de Educación Católica, como así también la Junta Diocesana de Religiosas, las Áreas Pastorales (Familiar, Vocacional, Rural, de Juventud, etc.) y los diversos Movimientos.

7.6. Para dinamizar la unidad y la actividad pastoral parroquial se confirman las tres Vicarías territoriales de nuestra Iglesia Rionegrina: Atlántica, Andina y Valletana. Todas y cada una de ellas deberán estar representadas, en lo posible, en los organismos diocesanos, y deberán responder a su coordinación.

7.7. A nivel parroquial: "El párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo Diocesano... para que en esa comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos y con la ayuda de fieles laicos" (C.D.C., c.519) En torno a él se han de crear, por lo tanto, canales de comunión y participación, o revisar los ya existentes a la luz del magisterio actual de la Iglesia y conforme a los criterios teológico-Pastorales de esta Exhortación.

7.8. Se han de constituir en cada parroquia todos los organismos necesarios para cubrir eficazmente las tres áreas esenciales de la comunidad cristiana: Fe, Culto y Servicio. Como signo realizador de la participación y comunión, ruego la creación, lo antes posible, del Consejo Pastoral Parroquial, conforme a las normas diocesanas (C.D.C., c.536).

7.9. En coherencia con los dos ejes de nuestra pastoral, según se deduce de las propuestas sinodales -la opción preferencial por los pobres y la formación de comunidades a dimensión humana- pido a los párrocos que en forma prioritaria cuiden, juntamente con las vocaciones sacerdotales diocesanas, de descubrir y formar a los animadores de estas comunidades. Como ya lo dije (6.10) deberán ir surgiendo de ellas; o por lo menos es de desear que pertenezcan a las mismas zonas o lugares. Puesto que tales animadores constituyen un elemento capital para que las parroquias puedan llegar a ser comunidad de comunidades, quiero animar especialmente a los párrocos a que gasten energías y horas-pastorales en su formación, como diría San Pablo, oportuna e inoportunamente. Serán los agentes de una privilegiada evangelización. Y los sacerdotes, religiosos y religiosas entrarán así en una función multiplicadora en la medida en que, de nuestro laicado rionegrino, surjan verdaderos animadores laicos, como fruto y fermento evangélico de la comunidad parroquial.

7.10. En forma especial solicito a las comunidades que forman la comunidad parroquial, que asuman a sus jóvenes, integrándolos en sus propias comunidades, compartiendo los trabajos y las decisiones, reflexionando y orando en común.
Que jóvenes y adultos deseen gozosamente crecer juntos como familia de Dios.
A ustedes, los jóvenes, llamados a evangelizar el hoy y especialmente el futuro de nuestra historia y de nuestro hombre rionegrino, les ruego que asuman, profundicen y vivan la Exhortación Pastoral, convirtiéndose en verdaderos artífices de la Civilización del Amor.
De esta suerte, en íntima relación generacional -jóvenes y adultos, niños y ancianos- van creando vínculos de familias entre sí, mediante la participación y comunión fraterna que fortalece, a su vez, la vida de cada hogar.
Desde allí surgirá la misión de la familia, Iglesia doméstica convertida por la fuerza liberadora del Evangelio en "escuela del más rico humanismo" D.P. 589.

7.11. La "prudencia pastoral" incluye la atención a las relaciones humanas preexistentes, en primer término a la familia, célula primigenia de la comunidad, y a la identificación de "líderes" naturales. Lo importante e imprescindible, sin embargo es creer en la fuerza del Evangelio, capaz de convertir a los hombres y colocarlos a nivel de participación y comunión con Dios y entre sí, aunque no hayan tenido jamás tal experiencia. Lo importante es que contemos, desde el vamos, con el misterio pascual y esperemos los resultados imprevisibles a "lógicas meramente humanas". Lo importante es que en la Iglesia, fruto de la Pascua del Señor Jesús, hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos tengan la oportunidad de ser comunidad cristiana, por el encuentro personal con la Palabra del Dios Vivo, por la Asamblea Litúrgica y por el Amor fraterno.


VIII.- FAMILIA DE DIOS CUYA MISIÓN ES
CONSTRUIR FRATERNALMENTE
LA NUEVA CIVILIZACIÓN DEL AMOR,


La Iglesia-comunidad, en la medida de su fe pascual, es germen de vida y liberación integral. Desde el corazón de la comunidad cristiana el Espíritu de Amor y Vida del Resucitado irrumpe en la historia humana. Según el plan divino debe llegar a todos los "tejidos" estructurales de la sociedad, para matar cuantos gérmenes de muerte atentan contra la plenitud de la vida humana, dignificada por la liberación en Jesucristo. Es la misión de la Iglesia-comunidad, fermento de salvación liberadora, en medio de los pueblos, a través de los tiempos.
La Nueva Civilización del Amor es la meta concreta, actual, de la misión parroquial, convertida en comunidad de comunidades para vivir la verdad de familia de Dios en la Iglesia particular Rionegrina.
Si los cristianos, con la fuerza del Resucitado, no somos capaces de construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria -la Civilización del Amor- no tenemos derecho a decimos seguidores de Jesús.

8.1. La Iglesia es el "pueblo" que por su fe en Jesucristo muerto y resucitado, reconoce y acepta su vocación pascual histórica. Su tarea consiste en convertirse en un signo vivo, en la luz que ayude a los demás hombres (L.G. 1.13) a apropiarse de la Pascua de Cristo, a dar el paso de la muerte a la vida, de situaciones inhumanas e indignas a humanas y dignas.
Esto implica, a su vez, el "paso" de egoísmos oprimentes a la liberación de corazones que aman y construyen un mundo, anticipo del cielo nuevo y tierra nueva (2 Pe. 3,13) en que todos estamos llamados a vivir en convivencia pacífica.
Los hombres y mujeres que "pasan" de muerte a vida, del pecado a la gracia, por la fe y los sacramentos, y se constituyen en Iglesia-familia de Dios, son el pueblo convocado por el mismo Dios a ser activa y concientemente el instrumento que impulse a los demás a la lucha contra la fuerza de la muerte, de lo que oprime o rebaja al hombre, en búsqueda de una liberación integral.

8.2. Dios quiere a la Iglesia como pueblo profundamente comprometido con la historia que está viviendo, a tal punto que se puede afirmar que la "vocación de la Iglesia" es el mundo, y la "vocación del mundo" es ser Iglesia-comunidad.
Es preciso reconocer, sin embargo, que no siempre la Iglesia ha cumplido y cumple con esta maravillosa vocación. Llamada a la santidad, está compuesta por pecadores. Los Obispos reunidos en Puebla, en su Mensaje inicial (Nº 2), dicen: "Es verdad que existe gran heroísmo oculto, mucha santidad silenciosa, muchos y maravillosos gestos de sacrificio. Sin embargo, reconocemos que aún estamos lejos de vivir todo lo que predicamos".
La misión de la Iglesia no es sólo anunciar la Historia de la Salvación, sino realizar la salvación de la historia. Su misión es anunciar y hacer vida en el mundo y en la historia de los hombres el Evangelio de Jesús Resucitado; luz potente que permite reconocer lo que es fuerza de muerte y retroceso humano y lo que es fuerza de vida y verdadero avance o aceleración de la historia.

8.3. En el "tejido" de relaciones interpersonales e intergrupales, existe un conjunto de "mediaciones" necesarias y cambiantes a la vez, a las que llamamos "estructuras". Podemos hablar de estructuras de comunicación, de pensamiento, morales, religiosas, sociales, jurídicas, económicas, políticas... Las estructuras son resultantes de los valores de la conciencia de un pueblo. Y ésta, a su vez, es condicionada y alimentada por aquellas. En orden a la misión evangelizadora de la Iglesia, hay que atender a la conversión del corazón y al cambio de estructuras de la sociedad, en forma simultánea.

8.4. Las estructuras revierten sobre las personas que las han conformado, y condicionan a su vez toda la vida de éstas. Cuando Pablo VI afirma que "no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos" (E.N. 18), conforme al contexto de la Evangelii Nuntiandi, la expresión "en primer lugar" no tiene otro significado que reafirmar que la conversión del corazón es como la raíz de la bondad o la maldad de las estructuras. En manera alguna entiende un "antes" o un "después" de tiempo histórico, o de distancia física, para realizar la acción evangelizadora. Con relación a esto, me remito al Nº 20 de la Evangelii Nuntiandi, en que se insiste en que no hay evangelización seria y valedera si no se evangeliza la estructura de cada pueblo. Queda claro, entonces, que las estructuras son también condicionantes para la conversión del corazón.

8.5. Hay estructuras que son antihumanas en sí mismas, por ejemplo la esclavitud; hay otras buenas en sí mismas, como la propiedad privada, pero que, usadas abusivamente, se convierten de hecho en instrumentos de dominación; otras, que fueron buenas en un determinado tiempo, pero que hoy están superadas por el avance histórico. Tarea ardua la de discernir a la luz del Evangelio, lo que en las estructuras de la sociedad humana mata o edifica al hombre. La Iglesia no puede dejar de realizarla si quiere ser fiel a Jesús Resucitado. Pero este discernimiento no puede quedar en palabras, sino que debe concluir en gestos y actitudes concretas. Los que creemos en un Dios liberador de la historia no sólo debemos anunciar esa verdad, sino que al mismo tiempo, y como signo de credibilidad en el Dios que proclamamos, tenemos que ponernos con Él a construir la historia del momento presente. Nuestro mensaje sería una ilusión y una mentira si la opción por el Dios del Evangelio no compromete hasta el riesgo y aventura de presentar un modelo nuevo de convivencia humana, mediante la conversión de hombres y estructuras a valores evangélicos.

8.6. La verdadera libertad cristiana supone no solamente cortar ciertas cadenas exteriores, sino también superar la tentación de caer en manos de nuevos amos (dinero, sexo, poder, clericalismo, etc.) o de convertirse en esclavizador de otros. Solamente el que es libre, con la libertad de hijo, libre en su corazón y con derecho a vivir en auténtica libertad, es capaz y está llamado a crear espacios pascuales de libertad, rechazando cualquier tipo de dominación u opresión que disminuya o niegue la grandeza humana.

8.7. Pero no hay verdadera libertad interior sin justicia social y sin respeto a los derechos de la persona humana. Cada persona tiene derecho a participar, de manera efectiva, en los bienes y en todas las actividades de la gran familia humana. Como cristianos no podemos aceptar sistemas socio económicos que no sean capaces de crear condiciones que permitan lograr una comunidad de hermanos, donde cada uno pueda vivir conforme a la dignidad de hijo de Dios.
Los cristianos, cuando no estamos a la altura de nuestra vocación de libertad, justicia y amor y de nuestra tarea constructiva de este mundo, acelerando la historia para el reinado de Jesucristo, somos responsables de la prolongación de la tragedia humana, iniciada en el pecado original. La desidia en el Amor de parte de "cristianos" es un crimen de lesa historia.

8.8. Con San Pablo (Rom. 8,19) les advierto que la creación entera rionegrina está esperando ansiosamente que los cristianos de esta tierra, respondiendo a nuestra vocación, no solamente contribuyamos a que los hombres sean más buenos, sino que amanezca pronto el día de la total liberación. Ello será posible en la medida en que los rionegrinos escuchen asiduamente la Palabra del Evangelio y, celebrando en cada Eucaristía la Muerte y Resurrección de Jesús, vayan extirpando de la historia personal, familiar y social, los egoísmos que generan división y muerte, al tiempo que, recreando comunidades fraternas, logren espacios de alegre esperanza en la creación nueva (Ap. 21,5).

8.9. Tomando palabras de Puebla (Mens. a los pueblos de A. L. 8) quiero exhortarlos vivamente "a ser constructores abnegados de la civilización del amor... inspirada en la vida y en la donación plena de Cristo y basada en la justicia, la verdad y la libertad." "En ese espíritu creceremos juntos como hermanos de la misma familia de Dios" (Idem). El "amor cristiano" que "sobrepasa las categorías de todos los regímenes y sistemas porque trae consigo la fuerza insuperable del misterio pascual" (Idem), de acuerdo con nuestra respuesta "a los imperativos de la hora presente", nos traerá la "paz interior y social en el ámbito de las personas y de las familias" (Idem), de la provincia y del país.


IX.- ..."ANUNCIANDO Y ANTICIPANDO ASÍ
EL REINO DE DIOS DEFINITIVO.-


Los cristianos reunidos en Iglesia -orando y adorando a Dios, encarando la vida a la luz de los valores evangélicos- anunciamos que ya Cristo ha venido y actúa en este mundo con fuerza liberadora integral.
El Reino de Dios, en Jesucristo, convoca a la humanidad entera a vivir una nueva vida, venciendo a toda muerte desde su Muerte en Cruz, y Resucitado, confiere el poder de Dios a los hombres para vencer el pecado, raíz de la muerte y de todo mal.

9.1. La presencia misteriosa y real de Jesucristo, desde dentro de la historia humana, va operando la salvación de la humanidad. Esta presencia se hace real en la medida que los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia, desde la Fe Pascual, sean signos del Reino de Dios. Y lo serán en la medida en que -convirtiéndose al Evangelio- ensayen un nuevo estilo de vida, con actitudes que reflejen los criterios de Jesucristo en la historia personal y comunitaria.

9.2. Dios nos salva en forma global y para siempre, pero su salvación comienza en esta vida terrenal. Brevemente, la salvación del "más allá" se inicia en el "más acá". Por eso Jesús, que se llamó a sí mismo el "Camino" del Reino, entregó signos inequívocos para saber si se está en vías de salvación eterna y de lograr el Reino de Dios en forma plena y definitiva. De acuerdo a la parábola del juicio final (Mt. 25,31-46), la posesión del "Reino preparado desde siempre y para siempre" depende del cumplimiento de la Ley del Amor, de un amor encarnado en el tiempo y en las necesidades y problemas de esta historia en cada prójimo. Un amor que promociona y dignifica al ser humano con quien Jesús se identifica real y misteriosamente.

9.3. La historia de la salvación es, pues, un proceso dinámico, un camino tenso hacia una meta concreta, que, en definitiva, es "alcanzar a Jesucristo", la última Palabra de la historia humana. Pero, esta tensión escatológica no anula, en absoluto el proceso de la Encarnación en el tiempo histórico que transcurre entre el "hoy" y la meta final.- Por el contrario, el misterio del Reino en su accionar de levadura, acelerando la historia, evangélicamente, acerca en forma decisiva la gloria de Dios y el gozo eterno de la humanidad. Esto en la medida en que los cristianos, en misión de Iglesia, cumplan su función a ellos confiada por Jesucristo: anunciar la Buena Noticia a todas las gentes, trabajando en la construcción, aquí y ahora, del Reino de Cristo.

En síntesis, operando en el interior de esa única historia que es la de la salvación, haciendo visible la Buena Noticia de Cristo, muerto y resucitado, aquí y ahora en la Provincia de Río Negro. Los cristianos rionegrinos anticipamos la venida del Señor y damos pleno significado a la invocación del Apocalipsis que da voz al Espíritu y a la Esposa (comunidad eclesial), los cuales dicen ¡"Ven Señor Jesús"!!! (22,17).



Ruego al Padre-Dios, lleno de misericordia, por Jesucristo Salvador, conceda a todos los cristianos de esta Iglesia rionegrina, que animados por el Espíritu aceptemos y practiquemos esta Exhortación Pastoral, fruto del Primer Sínodo Pastoral Diocesano. De esta suerte podremos
"crecer alegres en la fe
viviendo de acuerdo con la Buena Noticia
permaneciendo firmes en un mismo Espíritu
luchando con un solo corazón
por la fe del Evangelio"
(Fl. 1,25-27)

Así, el Señor de la Iglesia y de la Historia, Jesucristo, a quien anunciamos, nos tendrá preparado un "lugar" definitivo en el Reino de los Cielos.

María la Madre de Jesús, Auxilio de los cristianos, Virgen Misionera de Río Negro, nos acompañe en esta nueva etapa pastoral de nuestra Iglesia particular rionegrina, haciendo camino junto a la esperanza de liberación de millones de latinoamericanos en la nueva evangelización de nuestro continente.

Que nos conceda el coraje de Ella junto a la Cruz, para estar de pie y caminar esperanzados hacia una mañana de Pascua, de vida nueva en justicia, libertad y amor para todos los que habitan estas tierras rionegrinas. ¡¡¡Amén!!! Alleluia!!!

En Viedma, en la Pascua del Señor,
7 de abril de 1985.